domingo, 31 de julio de 2011

 

Esta noche tuve un sueño, agradable y simpático. En él me veía que hacía el recorrido del colegio y casi que por un milagro de no se sabe donde, pude sentir un olor característico de la zona.

Esto me ha hecho pensar en otros olores que os describo a continuación.

 

El olor al que hago referencia en el párrafo anterior era muy fuerte, pero agradable. Según la estación del año olía diferente. Así pues los muros del patio de la fábrica de Beltrán en la calle San Antonio, dejaban pasar a los caminantes olor a alcachofa, a naranja o al melocotón, todos ellos preparados para conserva.

 

El olor a flores del jardín de mi abuela. Todos los días había un aroma diferente. Claveles, geranios, jazmines a los que adoraba y ponía unas pequeñasflorecillas sobre la mesilla de noche que perfumaban la habitación. Olía a hierbabuena y a tirujina, que la utilizaba para los michirones o contra los mosquitos. A laurel. A rosas, como esas de las postales, rojas y aterciopeladas. De colores casi imposibles porque mi abuelo le hacía los injertos. Y por la noche, en la fresca de la puerta, mi abuela era la envidia de la calle y ella como un pavo real, se enorgullecía cuando alguien le preguntaba: ¿Morena, qué es ese olor tan rico, es de tu jardín? - Si nena, es del galán de noche... Perfumaba toda la calle Cartagena.

 

Esta soy yo de pequeña en el jardín de mi abuela. El jardín creció como tanto que no existía ese espacio donde estoy pisando

 

Ni qué decir que el olor de la panadería del Ranco. Este olor alimentaba ya desde la curva de la calle Antón Tobalo hasta la Ermita de la Cruz. Pero antes de llegar allí, yo recuerdo que estaba la tienda de la Señorita Alejandra. Aquella tienda rezumaba olores de antiguo, de hilos que llevaban allí 20 años sin usar, de botones, de puntillas y de cuantas cosas puede tener una mercería. A tijeras de la marca "Los 3 claveles".Salía una señora con los pelos muy cardados, educada, fina. De seguro que tenía el botón que necesitaba mi madre. Y las calcetas esas que nos ponían hasta la rodilla. ¡¡Uff!! ¡qué tiempos!

 

Antes mencionaba la Ermita de la Cruz. Me trae a la memoria olores de flores, olores de manzana de caramelo. De almendras garrapiñadas. De ropa nueva, ya que era como un ritual estrenar la ropa el día 3 de Mayo. Olor a velas y azahar de los huertos de la calle de la rana. Olor a el humo ese que echaban por el escenario los cantantes. Olor al polvo que levantaba la gente al bailar el paso doble en la explanada de Piñero (el de la bicis) y olor a pólvora de los cohetes.

 

Olía a barniz, a boina de fieltro y sombrero de paja del abuelo, a pinturas, a maderas. También olía a Navidad, aunque fuera el mes de julio, ya que esta familia montaba un grandioso Portal de Belén para delicias de todos los torreños. Olía a Ferretería Alegría.

 

Recuerdo, siguiendo la ruta desde la casa de mi abuela hacia el interior del pueblo, ya en la calle Mayor, la tienda de "La Rada", una pequeña tienda, como en una habitación del entrar de la casa, que olía a chuches, a chicles de fresa y menta. A pequeños juguetes de plástico, a revistas de ganchillo, a tebeos. A palo de regaliz. A cartucho de pipas. Un duro de los de franco en los 70 daba para muchas cosas.

 

No quiero dejarme olvidada "La Antoñica de la Olaya" igual de buena que la citada en el párrafo anterior, pero esta se encontraba en la Calle Mula.

 

Detrás del Ayuntamiento, olía a libronuevo, olía al perfume de su bibliotecaria Rosita. A pintalabios. Había olor a periódico viejo. A silencio y a máquina de escribir en el despacho. A cuentos de Tintín, La Saga de los 5, CapitánTrueno, a misterio de Ágatha Christie, a Boletín Oficial delEstado. Mi querida Biblioteca.

 

Y siguiendo hasta casi la puerta del desaparecido Cine Carrillo, estaba y sigue estando la Iglesia. Olores a vela, a traje nuevo de la comunión, a misa de Gallo, a Semana Santa, a ceniza de un miércoles, a Ostia Sagrada. A penitencia.

 

Una chispa más abajo, otro kiosko, elde "la Dolores de las pipas". Yo ya la conocí con ese nombre. Aunqueyo la recuerdo más por las castañas. Y la Heladería del Chispa junto a la Iglesia me trae el olor a una jukebox que te cantaba "Si tu me dices ven, lo dejo todo, si tu me dices ven, será todo para tí..." de Los Panchos, y de Paloma San Basilio la de "juntos, un día entre dos, parece mucho más que un día..." mmmmmmmmm ¡qué recuerdos!.

 

Las calles por donde actualmente se ubica el Hogar de las personas mayores y el Colegio Cervantes, me traen olores de mercado, de mis abuelos ganándose dos duros con un manojo de acelgas, una atadilla de ajos o rábanos, a barro del bancal en los alpargates, a patatas nuevas, a melocotones (los de ahora huelen a plástico), a uva. (Tengo los bellos de punta).

 

Y un poco más arriba, en la explanada donde ahora se celebra el mercado, estaba el cementerio. Los cipreses, toda clase de flores naturales (ahora huele a flor de plástico), a cirio, a recuerdos, a luto.

 

Quizá, porque añoro todos estos recuerdos, tengo grabados estos olores. Y cuando paseo por mi pueblo de Las Torres de Cotillas, puedo olerlos todos, creanme ustedes.

 

 

Copyright © 2011 - MercedesPiqueras Mateo


Tags: olores, flores, fiestas, personas de mi infancia

Publicado por dragonaza @ 8:06  | ANTAÑO
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