Martes, 08 de junio de 2010

Poema que est? situado en la web LAS COSAS DE LILITHA

Perd? los "sentios"

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Este poema es un acr?stico dedicado a unos amigos en el d?a de su boda,

contando la historia de como se conocieron



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Francamente no me lo cre?a cuando vinieron

Riendo sus rostros, sus labios diciendo:

Amor es lo que sentimos, y amor es lo que queremos.

No te pongas triste madre, y ll?nate de contento.

Cuando yo la conoc?, mi coraz?n estaba latiendo.

Intent? quedarme all?, pero no se deten?a el tiempo.

Suspir? e inhal? aire, y entre-busqu? su mirada.

Cuando observ? que as? no consegu?a nada,

Or? a Dios, que a su casa me encaminara.


Justo aquella noche, so?? que con ella estaba

Oliendo su perfume y acariciando mi espalda,

Sintiendo en mi propia carne, como escalofr?os

Entonces comprend?, que hab?a "perd?o los sent?os".


Y a ella por lo visto, otro tanto suced?a:


Madre he visto a un hombre, con la mirada perdida,

Absorbiendo con su aliento, el aire que yo exhalaba.

Rodeando con sus ojos un ambiente que de por vida

Irremediablemente sabr?a que yo no escapaba.

Amor siento madre, "?que sabr?s t? mi ni?a!"

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Justo aquella noche, so?? que con ?l estaba

Oliendo mi perfume y acariciando mi espalda.

Sintiendo en mi propia carne, como escalofr?os.

Entonces comprend?, que hab?a "perd?o los sentios".



Tags: amor, acróstico, boda, poema

Publicado por dragonaza @ 19:39  | RESCATE DE POEMAS
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S?bado, 05 de junio de 2010
Hoy vengo a hablaros de la muerte como un acto de amor.

Antaño, cuando se juntaban las personas mayores en las porchadas con otros vecinos y salía a relucir el tema de la muerte, todo el mundo acababa diciendo que quería fallecer en el lecho de su cama y  en la paz de su casa, rodeado de sus familiares y amigos. Entonces, no existian los tanatorios en los pueblos pequeños. Nos situamos entre los años 78-80 cuando yo tenía entre los 8 y 10 años.


Cuando fallecía alguien, de seguida, venían a darle el recado a mi abuela "La Morena del Manco" para que hiciera las veces de amortajadora. Entre tanto, habían avisado al médico y al juez de paz para certificar la muerte, así como al cura para dar la extrema unción. Entonces cuando todos se marchaban, mi abuela echaba a los familiares de la habitación y abría el armario ropero y sacaba el traje de muerto (todo el mundo tenía un traje para la fatídica hora) y las mejores sábanas con los bordados y puntillas más exquisitos que hubiera. Le ponía el traje antes de coger el rigor mortis y les embolvía la sábana con las puntillas  que cubrían su cabeza y dejaban ver el rostro como a una virgen, y otro trozo por las piernas hasta la cintura, donde asomaban entrelazadas las manos con un rosario de cuentas negras o blancas, como abrazándose a la fé de Cristo. También colocaba dos taburetes maceteros con dos búcaros con flores de la época y unos círios encendidos. Después, abría las puertas e iban desfilando amigos y familares del muerto, mientras lloraban se oía lo buena persona que había sido en vida.

Entonces, en los pueblos, no se publicaba la esquela, sino que era Paco el Sastre quien grababa en una cinta de cassette, con su voz característica, una frase y recorría el pueblo de una punta a otra para avisar a todos los ciudadanos.... "Apreciados vecinos de las Torres de Cotillas, ha fallecido en nuestro pueblo D. Francisco Martínez López más conocido por todos nosotros como Paquito el torete. Mañana a las 11 se celebrará su entierro con misa en la Iglesia de Ntra. Sra. de la Salceda. Sus familiares les quedarán eternamente agradecidos si le acompañan en la despedida".

De mientras, en casa de muerto, se procedía a velarlo toda la noche por los vecinos rezando el rosario. Mi abuela fue poco a la escuela y no sabía escribir, por eso me sorprendía que tenía una memoria excelente para saberse todos los rezos del mundo "Primer misterio....segundo misterio...tercer misterio" y los congredados a cada cosa respondían al unísono con "
Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén."


A la mañana siguiente, un desfile de coronas de flores llevadas por los vecinos a mano, o los nietos, el ataud y los familiares recorría la calle Mayor hasta llegar a la iglesia. Mi abuela, su amiga  Beatriz "La del estanco" y otras mujeres del pueblo con un timbre excelente de voz se colocaban estratégicamente repartidas por el templo para acompañar al pueblo en los cánticos. Yo ví a mi abuela cantar en latín "Salve Regina (Mater) misericordiae, Vita, dulcedo, et spes nostra, salve...". Posteriormente se cambió por otra música que aún me pone los pelos como escarpias el hecho de recordarla "Acuérdate...De Jesucristo...resucitado...de entre los muertos...".

Finalizada la misa, los hombres marchaban a una calle contigua a la iglesia para dar el pésame. Este acto era como de exclusividad de los hombres. Allí despedían al muerto y marchaban al cementerio.

Había un respecto hacia la muerte. Habían famílias que siempre estaban de luto. Un hermano, un hijo, un padre. La guerra civil, la hambruna posterior, las enfermedades como la gripe común, etc. etc. era la estela negra del dolor.

Era un acto de amor y de vecindad y alguien lo tenía que hacer. Yo lo recuerdo como algo dulce.

Pero no todo era muerte. Dos casas más allá donde vivía mi abuela, vivía la Tía Catalina del Tío Ginés, quién había ejercido de partera muchos años hasta que los niños de Las Torres empezaron a ir al hospital de La Arrixaca. La vida y la muerte. La muerte y la vida. Pero la Tía Catalina es otra historia...

Mercedes Piqueras Mateo (c)






Tags: oficio, abuela, amortajar, muerte

Publicado por dragonaza @ 15:34  | ANTA?O
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